Mi espacio...es mi espacio


Marta entró gritando: "¡Me tiene harta, harta, las toronjas que no tengo llenas!" Con los ojos ennegrecidos de bronca le dice a Miriam, la almacenera, que ya sabe quién es "el corderito de Dios" que saca lo peor de Marta, quien nunca tiene un improperio para nada y para nadie... pero llegó un momento que su paciencia fue superada. "¿Vos podés creer que llena de motos la puerta del garage... y claro, de qué te quejás Marta si vos no tenés auto, pero es mi garage, es mi puerta y no es la primera vez que usa el espacio para arreglar motitos, kartings y autitos de los amigos...", replica y resopla muy enojada porque "su vecino" hace años que tiene un "taller mecánico artesanal" y como no tiene espacio en su casa, usa el de Marta, incluyendo la puerta del garage y el ventanal del living. Y Marta, como buena vecina, viene soportando ruidos en todos los horarios del día, gritos, risas, charlas, golpecitos de metales, taladradoras, sierras, soldadoras... ahhh sí, porque también es herrero. Como si fuera poco, Marta tuvo que cambiar sus hábitos de limpieza porque ya sabe que, en verano, debe tener las ventanas cerradas de los dormitorios porque al pintar autos y "restaurar" motores viejos, los gases que emanan los caños de escape y el olor de los aerosoles en la compresora de pintura ya hicieron el efecto nocivo de toxicidad sobre su hijo, y este actuar agravó su condición de alérgico. El médico, sin saber la situación, le dijo: "Julián, no te expongas a olores fuertes o tóxicos..." Con risa entre irónica y denotando tristeza Marta le dijo al doctor que él no se expone, se lo traen sin costo de envío a la ventana de su dormitorio.

Miriam escucha callada el alegato de Marta porque no hay palabras que puedan sostener una respuesta alentadora para ella, como expresar lo injusto que es la situación que ella vive, y para mantener la "convivencia pacífica" ninguna reacción que albergue agresividad sería la vía correcta de confrontación. Y entonces, con un "todo pasa Marta, mantené la calma" y observando cómo la sombra de ella se desdibuja mientras lleva en su bolsita de compras la leche y el pan para la merienda, antes de salir por la puerta de la despensa, Marta le dice: "Nada ni nadie va a cambiar mi esencia, el universo se encargará de acomodar las cosas". Miriam se queda con una gran incógnita: ¿cómo ayudar a Marta?, ¿cómo puede llevarle consuelo o aliento ante todo lo que le sucede? Y frente a sus ojos aparece como cartel luminoso una frase que hace unos años escuchó y no podía darle un contexto, hasta hoy: “Que el injusto siga haciendo injusticias, que el impuro siga siendo impuro, que el justo siga practicando la justicia, y que el que es santo siga guardándose santo” (Apocalipsis 22:11).


De Suypa, para ustedes


Estas narraciones están basadas en hechos reales y sucedieron tal cual se mencionan. Sin embargo, se han modificado los nombres para preservar la identidad de los involucrados. Además, se han añadido elementos narrativos para facilitar la comprensión y la visualización de la situación.


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