"...las campanas doblan por ti..."
Pero la historia no termina ahí: "Por quién doblan las campanas" es una novela publicada en 1940, cuyo autor, Ernest Hemingway, había leído las meditaciones de Donne y encontró así el título que narraría su historia. Hemingway participó en la guerra civil española como corresponsal y fue testigo directo de los acontecimientos, lo que le permitió trasladarlos a las páginas de uno de sus libros más famosos. Curiosidad curiosa: a Hemingway se le atribuye la frase "Todo hombre racional es ateo".
Pero esto continúa: con el séptimo arte en su apogeo, esta novela fue llevada a la gran pantalla en 1943, con el mismo nombre del libro, "Por quién doblan las campanas" (For Whom the Bell Tolls). Dirigida por Sam Wood y protagonizada por Gary Cooper e Ingrid Bergman, fue un éxito en el cine y obtuvo nueve nominaciones a los Premios Óscar. Dato curioso: el guion fue modificado a pedido de los servicios diplomáticos españoles, quienes incluso intentaron detener la producción del rodaje, lo que finalmente no sucedió. Curiosidad curiosa: A pesar de las 9 nominaciones, solo ganó un Óscar, el de mejor actriz secundaria (premio consuelo?).
Y si creíamos que lo habíamos visto todo... no es así.
El gran final para este poema, que no es poema sino que es parte de una meditación de Donne, llega por partida doble. Por un lado, tenemos a Juan Forn (1959-2021), quien fue un escritor, periodista, editor, traductor y asesor literario argentino. Uno de sus más importantes libros es "Ningún hombre es una isla" (Emecé, publicado en 2010). Su vida se caracterizó por romper moldes prefijados, la rebeldía a lo impuesto y la búsqueda de que la lectura fuera parte de la vida de todos, como lo era para él. En su extensa trayectoria, podemos destacar que fue el primero que logró, en la década de los 90, siendo editor de la Editorial Planeta, crear la colección Biblioteca del Sur, que recopila lo más importante de la literatura argentina. Hizo conocidos a los grandes escritores y poetas argentinos para que fueran escuchados, leídos y reconocidos, y ya no dependíamos solamente de la literatura norteamericana, que era lo que más sobresalía como contenido literario. También creó el suplemento "Radar" que continúa hasta hoy en el diario Página 12 y tenía un espacio en la contratapa del mismo diario los viernes, en el que, a través de sus editoriales, exponía lo que sentía, lo que había vivido de libros, poemas, autores, las marcas que habían dejado y todo lo que había aprendido durante ese viaje literario desde su juventud. Curiosidad curiosa: en una entrevista indicó que el título del libro hace referencia a un texto de Joseph Brodsky que había leído.
Y esta seria la otra parte del doblete: Iosif Alexándrovich Brodsky, quien fue un poeta rusoestadounidense de origen judío, es considerado uno de los más grandes de la época soviética de la segunda mitad del siglo XX. Brodsky escribió en 1963 una de sus obras más importantes, "Elegía mayor a John Donne", y el 4 de junio de 1972 tuvo que abandonar su país con una maleta en la que llevaba la máquina de escribir y un libro de poemas de John Donne. Luego de su travesía por varios países, finalmente se mudó a Nueva York, donde pasó a ser conocido como Joseph Brodsky. Con una extensa obra literaria, su tema fundamental siempre rondaba entre el espacio, el tiempo y los sentidos; no hay otro poeta contemporáneo que hable tanto de la intemperie. Ganador del Nobel de Literatura en 1987, cuya inspiración fue Urania, musa de la astronomía, a quien dedicó un poema que en su comienzo dice: “Tiene un límite todo, incluso la tristeza…”. Curiosidad curiosa: luego de un juicio en el que se lo acusó, entre otras cosas, de “parasitismo social” porque a través de la poesía “tenía una visión del mundo dañina para el Estado”, fue deportado a un pueblo en la región de Arkhángelsk, cerca del Círculo Polar Ártico. Cerca de 1972, un juez le preguntó qué hacía por su país, a lo que él respondió: “Escribir poemas, ese es mi trabajo. Creo que lo que escribí será útil a la gente, no sólo ahora, sino para futuras generaciones”. El juez le repreguntó quién le había dado el nombre de poeta, a lo que Brodsky respondió: “No lo sé... Dios tal vez”.
Sin encasillarme en ninguna creencia específica, la finalidad de estas líneas es intentar comprender cómo el todo se une como si fuera uno solo, traspasando años, décadas y épocas. Como dice el proverbio chino: “El aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo”. Una meditación de un decano de la iglesia anglicana de Inglaterra en 1624 llega a las manos de un escritor norteamericano católico, quien pone como título de uno de sus libros una de las frases que componen esa meditación, que publica en 1940 y en 1943 se visualiza en la pantalla del cine bajo el mismo nombre. Un poeta ruso-norteamericano también lee la meditación, el cual realiza una elegía para su autor en 1963, publicada en 1967, y un escritor argentino lee un texto de este, publicando luego un libro que lleva como nombre una frase que aparece en la meditación de Donne. Todo nos lleva al inicio del camino, traspasando diferentes países, religiones, idiomas, situaciones políticas, sociales y estilos literarios, cada uno sintiendo la necesidad de plasmar y de expresar la misma idea que nos da vueltas, a todos, en la cabeza: ¿podemos solos? La fragilidad de nuestros sentimientos, cómo cada acción propia provoca cambios en el espacio-tiempo que nos rodea. A veces es instantáneo el efecto mariposa, algunas veces lo percibimos, otras veces no nos enteramos, o tarda un tiempo en visualizarse la alteración de los hechos, pero lo que podemos observar es que, como en este caso, un escrito se mantuvo durante décadas, sobrevivió y fue mutando sin perder el objetivo principal del mismo: cada acto tiene una influencia directamente proporcional en la vida de los demás.
Repicar la palabra del otro, como las campanas, es la acción del hombre en el hombre mismo.
Que el tiempo nos traiga nuevas experiencias
y los recuerdos nos mantengan cerca.
¡Hasta el próximo capítulo!...SuyPa

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